Dinamita para la imaginación

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Hace poco volví a ver a una amiga que está terminando el colegio.
—¿Qué vas a hacer al graduarte?— le pregunté emocionada.
—No sé—me contestó ansiosa—. No sé qué estudiar. No encuentro nada que me guste.
—¿Por qué no te dedicas a viajar, leer, visitar museos, escribir, bailar y pintar por algunos meses?
—¿Para qué?
—Para inspirarte. Si explotas tu creatividad encontrarás algunas respuestas.
—Yo no tengo creatividad—dijo atormentada.
—¿De qué estás hablando?—pregunté riéndome. —Todos tenemos imaginación, todos podemos ser creativos.
—Yo no; te lo juro. No sé pintar, no sé escribir, no sé esculpir, no sé actuar. El arte no es lo mío.
—¿Por qué no lo intentas? —insistí.
—Porque apesto.
Me dolió ver a una niña de 17 años desesperada por su futuro, pero fue devastador verla convencida de que no tenía imaginación.
Si tuviera que definir la Humanidad con una característica diría que es su capacidad de imaginar. LA IMAGINACIÓN ES EL SÚPER PODER HUMANO.
El amor, el dolor, la venganza, la ambición, la compasión, la empatía y la amistad también son cualidades humanas pero, nada se compara a la imaginación. A la imaginación le debemos todos los logros, todo el arte, todo el conocimiento, todas las novedades y todas las dimensiones de posibilidades infinitas que están esperando a que alguien las invente y las convierta en realidad.
Tristemente, el sistema educativo destruye la creatividad. Es despiadado en su demolición.
Los niños miran con ojos hambrientos. Capturan perspicacias de las cosas más sencillas. Están llenos de avidez, de autenticidad y de energía. Y entran al colegio… Adiós al ingenio, a los sueños y a la magia. Bienvenida la normalidad, la obediencia y el aburrimiento.
El aburrimiento es lo que está matando este mundo. El aburrimiento es la causa de la avaricia y de la urgencia de dañar. En el aburrimiento se gesta el crimen. Y el aburrimiento penetra cuando las personas olvidan su imaginación.
Pero la imaginación siempre nos acompaña. Espera pacientemente a que la dejemos entrar. Cuando la invitamos, nos entrega todo lo que tiene para ofrecer. Ella no conoce límites. Ella no entiende de imposibles.
Por eso es que los gobernantes del planeta están tan concentrados en hacer que la Humanidad se olvide del deseo, la pasión y la imaginación. Los límites crean conformismo y miedo, las bases de una sociedad obediente y controlable.
El camino a la servidumbre es el camino que secuestra la imaginación. Y ese es el camino que nos obliga a recorrer el sistema educativo.
El sistema se trata de notas, reglas, conformidad, obediencia y normalización. Es la adoración de los patrones, la similitud, los estándares y las respuestas autómatas.
Al sistema no le importa lo que tú quieres, lo que deseas, lo que sueñas, o lo que hace que tu sangre explote. No le interesa tu ambición, no estimula el poder individual ni la consciencia y no te otorga las herramientas para crear tu propia dimensión de realidades.
El sistema es el culto de la monotonía. Es la adoración de la mediocridad.
El negocio de la paz

La paz no es algo que deseas; es algo que construyes, algo que haces, algo que eres y algo que regalas». —John Lennon—
Tantos ojos pendientes de los resultados del Proceso en Cuba ponen a la sociedad colombiana en la difícil tarea de explicar cómo se consigue la paz a punta de tinta y papel.
Aunque es innegable el poder que tienen las palabras, no podemos ignorar que, en este caso, la tinta es oficial y los legajos del gobierno están llenos de artimañas.
Independientemente de lo que digan los representantes de la paz, estamos muy lejos de solucionar el conflicto porque las condiciones que generan la violencia se han ido crispando progresivamente con el tiempo y desde el poder escasean los interesados en encontrar soluciones reales.
Es una tradición de vieja data. Divide y conquista, crea caos y ofrece una solución. Y esa solución siempre incluye en su implementación menos libertad y recursos para los ciudadanos y más control y opresión por parte del gobierno.
Perdemos nosotros mientras nuestros gobernantes gritan: “lo hacemos en beneficio de la humanidad”, “lo hacemos por el bienestar social”, “lo hacemos por su propio bien”.
Carta a una amiga

Días atrás leí en un correo: Caro: Te escribo porque ando investigando sobre las vacunas. Es un tema que me inquieta ahora que soy mamá y por supuesto, no quiero exponer a Luciana a nada que le haga daño… Me gustaría poder preguntarte cosas puntuales, después de leer los artículos…
Esta es la respuesta.
¡Hola! ¡Me encanta saber de ti Cami! La verdad es que se nota que estás muy feliz en tu nuevo rol y estoy segura de que Luciana debe ser el regalo más lindo y maravilloso del planeta. Es una renacuaja preciosa y sé que te llenará de alegría y aventuras.
Sobre las vacunas, te voy a contar la historia para que entiendas mejor mi interés por el asunto.
Obviamente, como todo en la vida, es una decisión personal pero yo, desde mi corazón, te sugiero que no le pongas una sola vacuna más a Luciana hasta que no investigues profundamente y llegues a tus propias conclusiones.
Te lo digo por todo lo que sé en este momento y porque la teoría de que la introducción de anticuerpos externos es un mecanismo eficiente de protección —en la que se sostiene toda la idea de las vacunas— es indefendible científicamente hablando. Pero bueno, empecemos.
Yo no sé si tú te acuerdas que yo tengo una enfermedad en los riñones, que es bastante seria. He estado muy grave en dos ocasiones y la última gran crisis la tuve desde mediados del 2013 hasta mediados del 2014. Estuve muy mal. Mal. Pensé que me iba a morir. Horrible.
Estar enferma me ha llevado a conocer muy bien las dinámicas de los hospitales, de los diferentes médicos, de los diagnósticos y de varias cosas que se les escapan a los que han tenido la dicha de tener una vida saludable. Además, yo siempre he sido una geek, he investigado todo mucho y más todo lo que tiene que ver conmigo.
Efectos de las vacunas: Acertijo #2

Si no hay relación entre las vacunas y el autismo, ¿por qué entre los efectos adversos de la DTaP aparece el Síndrome de Muerte Súbita y el AUTISMO?
Hace algunos días estaba con un grupo de amigos discutiendo mi fascinación por los temas impopulares.
Estaba hablando sobre el más difícil de digerir de todos —la medicina alopática—, cuando oí que alguien le preguntaba a mi esposo que si ya había logrado convencerlo sobre lo de las vacunas.
Interrumpí mi conversación, justo para oír: “Es que es absurdo lo que dice Carolina. Es ridículo que las vacunas generen autismo. Todos los estudios que se han hecho demuestran que es imposible establecer una relación entre las vacunas y el autismo”.
—“¿En serio?”—le pregunté—“ignorando momentáneamente lo de ‘todos los estudios que se han hecho’, ¿me quieres explicar por qué si es imposible establecer una relación entre el autismo y las vacunas, el prospecto que viene en la caja de la DTaP dice que uno de los efectos adversos de la vacuna es el autismo?”
—“Eso no es verdad”.
—“¿No?”.
— “No, no puede ser verdad”.
—“Como quieras. Lo dice la farmacéutica que produce la vacuna. Lo dice la FDA. De hecho, está colgado en su página. Ven y te lo muestro”.
—“No te preocupes. Te creo”.
—“No tienes que creerme y yo no estoy buscando que nadie confíe en mí o que siga ciegamente mi criterio. Yo quiero que lo veas con tus propios ojos y que investigues más allá de lo que cacarean estúpidamente los medios. Pero solamente tú puedes decidir hacerlo. Depende de ti, no de mí”.
Siguió:
— “Seguramente es porque en Estados Unidos, como uno puede demandar por todo, las farmacéuticas prefieren pecar por exageradas y así sea el 0.000001% de los casos, lo incluyen en el prospecto para que no digan que ellos no advirtieron”.
—“No entiendo. Hace unos minutos estabas diciendo que era imposible establecer la relación y que por eso era completamente ridículo lo que yo decía sobre los riesgos de las vacunas. Te muestro que la relación está claramente establecida y me dices que es porque las farmacéuticas lo hacen todo tan bien que aunque sea el 0.000001% de los casos, ellas son inmaculadamente honestas y lo dicen. ¿Al fin qué, es imposible establecer la relación o la relación existe pero es muy improbable? Los dos no pueden ser ciertos al tiempo. Tienes que elegir”.
Como era de esperarse, no obtuve ninguna respuesta.
Seguí:
El disfraz de la tiranía
“Ninguno está más irremediablemente esclavizado que aquellos que falsamente creen que son libres”.
—Johann Wolfgang von Goethe—“Lo único más grande que el poder de la mente es el coraje del corazón». —John Nash—.
La esclavitud tiene varias versiones pero el núcleo siempre es el mismo: la víctima no está dirigiendo sus propias acciones; está siendo dirigida como una máquina (1).
The Matrix —uno de los tesoros del cine— mostró que el fenómeno crucial es que hoy tenemos la mente cautiva. Está en una prisión que no se puede ver, oler, ni tocar.
En el epílogo de su heroica Historia de las Drogas, Antonio Escohotado escribió: “Tras apoyarse sobre mecanismos de presión externa, la gran apuesta del poder contemporáneo es mandar desde dentro como controlador cerebral” (2).
Los esfuerzos de nuestros gobernantes (y no estoy hablando de las marionetas que posan como presidentes y jefes de Estado en la mayoría de La Tierra) están dirigidos a controlarnos desde dentro, al nivel del puro influjo, al nivel de la percepción.
Ellos diseñan y manipulan el rango de lo perceptible, los escenarios en los que nos podemos desenvolver, las ideas aceptables y las metas que nos trazamos a lo largo de la vida.
Son criaturas tan banales y estériles que están obsesionadas con conseguir que nadie pueda escapar a la vida premeditada e insustancial que ellos se han autoimpuesto.
Pero eso no significa que los tiranos no sean extremadamente hábiles e inteligentes, pues están impidiendo que las personas se den cuenta de lo que son y de lo que pueden hacer.
Lo indiscutible es el éxito de sus artimañas.
Lo indiscutible es que vivimos en un planeta prisionero que aceleradamente se está convirtiendo en un hospital gigante (3).
El truco de las drogas legales
Siendo una niña pensaba que todos los efectos de las drogas legales eran buenos. También suponía que las drogas ilegales eran tóxicas y destructoras.
Con los años comprendí que la Ley y el Deber Ser eran asuntos diferentes.
Hice amigos que fumaban marihuana. En este mundo de reglas terriblemente vulgares, suelen cautivarme los destellos de rebeldía. Gracias a los desobedientes he podido encontrar verdad entre mil laberintos de mentiras. Siendo amiga de los marihuaneros descubrí que no eran pordioseros ni criminales, sino adolescentes que ignoraban los “debes”, “tienes”, “no puedes”. Vi que la ecuación droga=destrucción=crimen, en estos casos, no se cumplía.
Primera pista.
En un viaje descubrí Historia de las Drogas de Antonio Escohotado. Todavía puedo sentir las ráfagas de ira mientras procesaba las mentiras y las manipulaciones y la electrizante elevación al encontrar las palabras que mi alma añoraba, pero que no sabía decir. El libro era un caso soberbio en contra de la prohibición de drogas pero, sobre todo, una defensa explosiva de la libertad individual.
La libertad me había encendido siempre. Era mi himno, mi plegaria y la vibración revoltosa que me llenaba de ímpetu. Yo sabía que la libertad era la clave, el camino, lo importante, lo que estaba bien y era honorable, pero no sabía por qué. Escohotado develó el secreto.
Empecé a construir el mundo de las drogas. Fue mi primera investigación real, la primera investigación que hice sabiendo que el ingrediente principal son las patrañas. Fue una experiencia salvaje. Por primera vez vi, con toda la nitidez del caso, que nada es lo que parece. Entendí contundentemente el significado real de la palabra fraude.
Comencé a desafiar las mentiras que la gente repetía sin pensar.
¿Por qué el Estado debía tener la potestad sobre las decisiones personales?
¿Quién en su sana mente podía pretender que alguien más, además de la persona, pudiera decidir sobre la vida de esa persona?
¿Acaso la guerra contra las drogas era algo más que una depravada confesión de controladores y controlados?
Yo veía que un grupo de cínicos, arrogantes e incapaces de tener un deseo o criterio propio, se adjudicaba el derecho de definir la vida de los demás, mientras que los otros, pusilánimes, pasivos, aceptaban sin titubear los designios que los autonombrados magnánimos habían elegido para ellos.
Los demás, aterrados al principio, reaccionaban de diferentes maneras. Los que pensaban que tenía un punto por lo general no habían reflexionado al respecto y mis preguntas los cogían por sorpresa.
Cuando la exasperación dejaba hablar a los otros, espetaban como un disco rayado:
— “Las drogas ilegales son sustancias muy peligrosas, adictivas, cuyos desastrosos efectos están más que demostrados”.
—“¿En serio?” —preguntaba yo— “¿Cómo han sido demostrados?”
Y la invariable respuesta:
— “Los estudios científicos así lo demuestran”.
— “WOW, me encantaría leerlos. ¿Puedes pasarme las referencias?”.
Y por alguna razón, ningún defensor de la Prohibición me señaló o entregó muestras de la evidencia.
El caso contra el VIH

Margaret Heckler, secretaria de salud de Reagan, y Robert Gallo, en la rueda de prensa del 23 de abril de 1984 en la que anunciaron que Gallo
había descubierto el VIH.
Fuente: whale.to
Era una mañana radiante.
Era uno de esos raros días en Bogotá en los que no había nubes en el cielo. Caminando por una ciudad que irradiaba calidez pensé en lo diferentes que podían ser el mundo interior y el exterior.
Subí las escaleras con determinación y entré al laboratorio. Aunque lo conocía muy bien —había pasado en él suficientes horas durante el año anterior— ese día lo veía diferente.
Ya no era un laboratorio sino un Oráculo de Delfos antiséptico en el que iba a decidirse mi destino.
Oí mi nombre, entré al consultorio y vi en las manos de la doctora el papel por el que había acudido: los resultados de la prueba Elisa.
El veredicto ya estaba.
Aunque no pertenecía a ninguno de los grupos de riesgo, una extraña enfermedad que nadie podía diagnosticar con certeza me había sumergido en cientos de pruebas, exámenes y laboratorios. Los últimos meses me habían mostrado lo que era ser un conejillo de indias en todo su esplendor. Y la prueba Elisa, una de las que se usa para saber si alguien es VIH positivo, terminó incluida en el menú. Nadie sabía qué era lo que tenía pero parecía una enfermedad autoinmune y había que descartarlo todo.
En ese momento sabía lo que “todo el mundo sabe” sobre el VIH/SIDA. Se dice que el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) es la causa del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). El VIH ataca el sistema inmunológico de las personas, debilitándolo, comprometiéndolo, y finalmente, tornándolo inservible.
Las personas con VIH terminan muriendo, no por la infección de VIH en sí, sino por diversas enfermedades. Como el VIH destruye el sistema inmunológico —que es el principal mecanismo de defensa con el que contamos los individuos— cualquier germen o bacteria se torna mortal en las personas inmunosuprimidas, gérmenes que no afectan a las personas saludables porque en ellas su sistema inmunológico está preparado para combatirlos y deshacerse de ellos fácilmente. Sabía que como el VIH tiene un efecto tan peligroso, se considera letal en prácticamente todos los casos. Que sin tratamiento las personas con VIH están condenadas a morir.
También sabía que la prueba Elisa era una prueba indirecta muy precisa que medía el nivel de anticuerpos en la sangre y que, si resultaba positiva, se usaba el Western Blot que media de manera directa la presencia del virus en el organismo.
Repitiéndome que un resultado positivo no era 100% concluyente me senté al frente de la doctora y esperé el veredicto. Me dijo varias cosas pero yo no oí nada; estaba concentrada en una única palabra.




